Una vida dando lo mejor a los enfermos

Escrito el 11 Abr, 2012

“Sólo tú me puedes ayudar”

Sor María Nicolasa Vélaz nació en Arizaleta (Navarra), el 28 de enero de 1912. Ingresó como postulante en Ciempozuelos en septiembre de 1928, y en marzo del siguiente año inició el noviciado. La profesión temporal la hizo en 1931 y la perpetua cuatro años después, ambas en Ciempozuelos.

Después de obtener el título de enfermera psiquiátrica fue nombrada maestra de novicias en la Casa Madre entre los años 1946 y 1954. Pasó después a Portugal donde estuvo siete años en Idanha y seis en Braga. De su paso por el país vecino las hermanas portuguesas guardan un cariñoso recuerdo.

Volvió a España en 1967 para ser superiora de la casa de Palencia hasta 1970 en que fue nombrada Vicaria Provincial. Cuando terminó este servicio en 1976 continuó en Palencia ejerciendo una función pastoral muy hospitalaria como es la de acoger, escuchar, consolar, animar a los enfermos. En su sencillo despacho, siempre abierto, todos tenían cabida. Ella, mujer humilde, decía que los enfermos la buscaban porque podían hablar sin “burocracia”, además reconocía que con estos enfermos, poca gente tienen paciencia. Falleció en Madrid el año…16.10.2003

El milagro de la fe.- Bastarían estos datos para reconocer en sor Nicolasa una hospitalaria ejemplar. Pero en el año 1989 le fue detectado un destructor cáncer de vejiga que le fue diagnosticado en el Hospital Beata María Ana de Madrid. Los médicos le propusieron una intervención quirúrgica con citectomía y doble ureterostomía cutánea, pero la rechazó por su edad y mal pronóstico. Ella cuenta así su experiencia:

Yo me encontraba muy mal durante los meses siguientes al diagnóstico y no quería someterme a la operación que me habían pensado realizar porque creía que no la podía superar. Me recetaron una medicación que tomé una tarde a eso de las siete. Me sentó muy mal y sus efectos me hicieron sentir cien veces peor. Recuerdo el fortísimo dolor de cabeza. Fueron unos momentos de grandes sufrimientos para mi. Pasé toda aquella noche en vela y poniéndome paños de agua fresca. Fue una noche terrible.

A la mañana siguiente la hermana que me cuidaba, al ver lo mal que me habían sentado los medicamentos, decidió que no me los podía dar. Y creo que hizo bien porque si no ahora a lo mejor no lo estaba contando. Y en esas circunstancias tan adversas en las que no veía salida por ningún lado, me encomendé al P. Menni. “Sólo tú me puedes ayudar”, dije para mis adentros. Y así fue. Al instante, la insoportable sensación de angustia que tenía, desapareció. Esto sucedió un día a finales de noviembre de 1989, sobre las 12 de la mañana. A las dos horas las hermanas se dirigieron a comer y yo, que había pasado muchos días sin probar bocado, fui al comedor. Recuerdo, como curiosidad, que había ensalada de remolacha de mesa, un plato que me gusta mucho, y que comí de muy buena gana. Y hasta el día de hoy.

Diez años más tarde, animada por sus superiores, contó esta gracia. Examinada, de nuevo, los médicos encontraron una total e inexplicable curación, Después de superar las pruebas de los tribunales científicos y religiosos el Papa Juan Pablo II aprobó este milagro que hizo posible la canonización del Padre Menni que tuvo lugar en Roma el 21 de noviembre de 1999, a la que asistió sor Mª Nicolasa.

Sor Nicolasa siempre vivió con sencillez y agradecimiento la gracia de su curación. “Ha sido el Señor el que ha intervenido, repetía, yo no he hecho ningún milagro”. Admiraba y amaba al P. Menni del que destacaba “la confianza que siempre tuvo en el Señor; en lo bueno y en lo malo él siempre confió”.